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Barras de labios, gloss o perfilador son productos habituales en los neceseres de maquillaje pero ¿sabes de dónde viene la tradición de pintarse los labios? La historia del pintalabios es extensa y de lo más interesante ya que se remonta, sin ir más lejos, al Antiguo Egipto. ¿Quieres saber más? Como estudiante de maquillaje o profesional del sector de la belleza, necesitas conocer el origen de muchos de los productos que vas a utilizar. Ya sea como curiosidad o como parte de tus conocimientos avanzados como profesional, sigue leyendo y descubre todas las curiosidades que esconde este producto de belleza cargado de simbolismo.

Historia del pintalabios: orígenes

Las primeras referencias al uso del pintalabios se remontan al Antiguo Egipto. En la época de los faraones no solo se pintaban los ojos con rotundo khol negro (cosmético mineral) y atractivos colores turquesas sino que también trataban los labios con pigmentos extraídos de algunos insectos. De hecho, se cree que los orígenes del pintalabios proceden un poco antes, del Egipto prefaraónico en el 3750 a.C. Así se ha podido observar tanto en dibujos y grabados de la época como en los utensilios de belleza encontrados en algunas tumbas.

Durante varios siglos, el maquillaje de labios era utilizado indistintamente por hombres y mujeres y fue adoptando diferentes significados: en Grecia no estaba bien visto mientras que en Roma lo lucían las clases altas. En la Edad Media, dada la influencia de la iglesia católica, el maquillaje estaba prohibido y solamente se utilizaba en esponsales y celebraciones extraordinarias. En siglos posteriores, no obstante, se dio un gran despertar en la cosmética en general y en el pintalabios en particular, que adquirieron un gran protagonismo.

Retrato de Isabel I de Inglaterra de 1588.

 

La reina Isabel I de Inglaterra en el siglo XVI tuvo un gran papel en la historia del pintalabios. A ella se le debe la moda de los rostros pálidos como símbolo de estatus y poder y los labios muy rojos, una tendencia que se contagió a los años posteriores llegando incluso al extremo. Es fácil recordar los rostros blanqueados con polvo de arroz o talco y los labios rojo oscuro en forma de corazón realizado con colorantes y pigmentos de maquillaje naturales como los pétalos de geranio o productos a base de mercurio.

El pintalabios tal y como lo conocemos hoy

Lo que hoy conocemos como lápiz de labios o pintalabios en forma de barra cilíndrica empezó a popularizarse en el siglo XIX aunque todavía tardó unos años en perfeccionar su formato hasta desarrollar su forma de tubo pequeño y con tapón para que pudiera llevarse en el bolso.

Publicidad de pintalabios de los años 1954 y 1945.

 

El pintalabios a lo largo del siglo XX ha sido en diferentes etapas un símbolo de liberación. Una de las anécdotas más destacadas es cuando en 1912, Elizabeth Arden -que ya sobresalía como empresaria del sector- repartió pintalabios rojos a las sufragistas que marchaban por las calles de Nueva York para exigir el voto femenino.

En los años 20, el lápiz de labios vivió un gran esplendor: se pensaba que pintarse los labios era elegante y hacerlo en público era un gesto de modernidad. Como dato, fue en 1922 cuando se comercializó por primera vez un pintalabios en España, el Milady de Puig.

Las siguientes décadas e incluso hasta los años 60 el color rojo era el más popular y resultaba un signo de feminidad y empoderamiento. Incluso durante la II Guerra Mundial, el pintalabios se consideró un bien de primera necesidad cuando el gobierno británico liderado por Winston Churchill accedió a que no solo no se parara su producción sino que se impulsara su uso para subir la moral de la población.

historia del pintalabios Mujeres del servicio voluntario en la II Guerra Mundial.

 

Con el paso de los años, entraron en juego otras tonalidades como los colores más pálidos, melocotón y rosa en los 60 y más oscuros como el rojo sangre y negro en los 70. Con los años 80 llegaron los neones, el rosa fosforito y los morados para volver a los naturales y nude en los 90, con acabado jugoso y la aparición del gloss y los brillos.

Así, como vemos, la historia del pintalabios alberga numerosas curiosidades que han hecho de este producto todo un básico del maquillaje y que le han llevado a tener hasta un museo del pintalabios propio en la ciudad de Berlín. Composiciones de ingredientes naturales, diferentes tendencias en tonalidades y gran simbolismo en periodos de crisis hacen del lápiz de labios un cosmético repleto de significado.